lunes, 25 de abril de 2011

TAGO MAGO. Can (1971)


En la antigua Batidora, solía comentar normalmente discos clásicos, asequibles para el oido, aclamados internacionelmente... En esta nueva Batidora, la temática musical girara en torno a discos extraños y chungos, joyas de culto inabarcables para el gran público en general, donde lo esperimental, lo macabro y lo bizarro son los ingedientes fundamentales... Obras de Arte para extrañas minorias e inasimilables para cualquier prejuicio fácil.

La banda alemana Can y su mítico LP Tago Mago son un buen estandarte para inaugurar esta sección.

Can fue una banda de rock etiquetada en el mágico ámbito del Krautrock, una corriente musical alemána de principios de los 70. Consistia en un rock muy experimental, precursor dicen, de la música electrónica y ambiente.

Lo cierto es que todas estas bandas relacionadas al movimiento Kraut son verdaderamente extrañas y difíciles de digerir y clasificar. Posiblemente este Tago Mago sea una de las obras cumbres del género.

El hecho de que sea una banda alemana con un vocalista japonés (Damo Suzuki) aumenta la idea de lo exótico de esta legendaria formación. La portada del LP parece sugerir como quedará tu estado mental tras la escucha del disco.

He aquí a los perpetrantes, unos Chichos a la germana.

La música del disco consiste mayormente en una misteriosa y constante base de percusión, sonidos hipnóticos y divagaciones del cantante en una atmósfera onírica. Las canciones siguen una estructura progresiva en la que se va enlazando paulatinamente un rock instrumental nítido y punzante, obteniendo un resultado soberbio en la primera parte del disco.

Tras este inicio rítmico y progresivo, el disco se va sumergiendo en una pesadilla desasosegante. A medida que el surco avanza en el vinilo, se pasa a una fase experimental en las que nos podemos encontrar en medio de una escena de terror verdaderamente angustiosa (en su atormentante corte Aummmg de 17 minutos de largo) o volvernos completamente esquizófrénicos con la bizarrada del vocalista en el corte Peking O que dura otra minutada. Son dos cortes que abarcan media hora y que son de lo más raro editado en un LP , capaces de agujerearte el cerebro como un colador.

Esta parte final (que se corresponderia con la cara-B del disco en su versión de vinilo) es bastante demencial, pero necesaria para aumentar el halo mágico de un disco que por otra parte, me parece absolutamente magistral dentro de lo inclasificable.

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